La consecuencia política de esto es que toda la política se convierte en un conflicto amargo entre extremos, cada elección un suspenso de ganador se lleva todo entre élites competidoras con visiones del mundo divergentes (cada lado dispuesto a usar todas las herramientas para obtener una ventaja, desde la guerra legal hasta el activismo artificial que se convierte en violencia). Va a ser marxismo populista contra populismo nacionalista, Lula contra Bolsonaro (o Newsom contra Vance), para siempre. No hay centro.