La privacidad no es un caso marginal para criminales. No le entregas tu diario a extraños. No envías tus extractos bancarios a tus vecinos. No hablas de tu salario en una sala llena de gente. Pero hemos construido un sistema financiero que hace todo esto automáticamente y de forma permanente. Luego nos dijimos que era un progreso. El efectivo fue anónimo durante siglos. Funcionó. La sociedad no colapsó. El comercio no fracasó. Las personas transaccionaron libremente sin difundir sus vidas. La próxima generación de criptomonedas necesita recordar la lección que sabe el efectivo: la privacidad no es una característica que se añade después. Es la base sobre la que se construye. O podemos seguir pretendiendo que no importa. La guerra contra las drogas no detuvo las drogas. Creó cárteles.