Alguien me preguntó si debía escribir un plan de negocio. Mi respuesta: probablemente no. No porque la planificación no tenga valor. Pero porque esa es la pregunta equivocada en absoluto. El error no es planificar. Es pensar que, porque algo tiene valor, deberías hacerlo. Los planes de negocio requieren mucho tiempo. Y toda esa planificación se desmorona en pocas semanas tras el lanzamiento. Así que las matemáticas son sencillas: las horas dedicadas a algo con impacto mínimo son horas que no has invertido en algo que podrían marcar la diferencia entre ganar y perder. El mantra no es si es bueno, hazlo. Si es grave, no lo hagas. Pero el verdadero reto es averiguar cuáles de las cosas buenas tienen el mayor impacto.