Sigo con profunda preocupación lo que está ocurriendo en Oriente Medio e Irán durante este tiempo tumultuoso. La estabilidad y la paz no se logran mediante amenazas mutuas, ni mediante el uso de armas, que siembran destrucción, sufrimiento y muerte, sino solo mediante un diálogo razonable, sincero y responsable.
Ante la posibilidad de una tragedia de proporciones inmensas, hago un sincero llamamiento a todas las partes implicadas para que asuma la responsabilidad moral de detener la espiral de violencia antes de que se convierta en un abismo insalvable. Que la diplomacia recupere su papel adecuado y que se mantenga el bienestar de los pueblos que anhelan una existencia pacífica fundada en la justicia. Y sigamos orando por la paz.
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