"Hay dos conjuntos de virtudes, las virtudes del currículum y las virtudes del elogio. Las virtudes del currículum son las habilidades que aportas al mercado. Las virtudes del elogio son de las que se habla en su funeral, ya sea que haya sido amable, valiente, honesto o fiel. ¿Eras capaz de amar profundamente? Todos sabemos que las virtudes del elogio son más importantes que las del currículum. Pero nuestra cultura y nuestros sistemas educativos dedican más tiempo a enseñar las habilidades y estrategias que necesita para el éxito profesional que las cualidades que necesita para irradiar ese tipo de luz interior. Muchos de nosotros tenemos más claro cómo construir una carrera externa que cómo construir un carácter interior. Pero si vives para el logro externo, pasan los años y las partes más profundas de ti quedan inexploradas y desestructuradas. Te falta un vocabulario moral. Es fácil caer en una mediocridad moral autosatisfecha. Te calificas a ti mismo en una curva indulgente. Piensas que mientras no estés lastimando a nadie y parezca gustarle a la gente, debes estar bien. Pero vives con un aburrimiento inconsciente, separado del significado más profundo de la vida y de las más altas alegrías morales. Gradualmente, se abre una brecha humillante entre tu yo real y tu yo deseado, entre tú y esas almas incandescentes que a veces conoces".